Así es CentroCentro, el Palacio de Cibeles

Escrito el 22 de julio de 2011 por .
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[AVISO: POST TIRANDO A LARGO] El Palacio de Cibeles, lo que a partir de septiembre se conocerá como CentroCentro, un centro cultural metropolitano dedicado a la ciudad y la vida urbana, fue una de las grandes apuestas de nuestro alcalde en la pasada legislatura. Se comprometió a dotar a la ciudad de una sede para su alcaldía digna de la importancia de Madrid, a la vez que creaba un nuevo punto de encuentro para la Cultura y las Artes madrileñas. Vamos, eso es lo que nos vendieron para meterse en una obra que acabó por costar el doble de lo presupuestado, algo típico de las grandes empresas arquitectónicas españolas, y que por fin tenemos a nuestra disposición. Bueno, tenemos a nuestra disposición lo que queda de este mes (hasta el 27 a las 20h.) y a partir de septiembre, porque el Palacio de Cibeles, en otro arranque de españolidad, cierra en agosto sus puertas, claro, que es un mes en el que no hay madrileños ni turistas que lo quieran ver. Que hay mucho que ver, sí, pero cerrar algo que lo pagamos entre todos no creo que sea lo lógico. Vamos, que yo no dejo de pagar impuestos en agosto, creo.

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Pero no me enrollo más en eso. Viendo que teníamos un poco de tiempo libre decidimos ir a echarle un vistacito, a ver si merecía la pena. La valoración al final, tendréis que leer un poco antes. Fue una visita cercana a las dos horas, que da tiempo de sobra para verlo en su totalidad de arriba abajo, aunque sin tampoco detenerse demasiado. Allá va la crónica de la visita, y las impresiones que nos fue despertando CentroCentro. Como queda poco para disfrutarlo, aquí lo que nos pareció.

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La entrada se realiza por la puerta principal, la que da directamente a la Plaza de Cibeles, lo cual ya te hace sentirte pequeñito al entrar en el enorme edificio diseñado por Antonio Palacios y Julián Otamendi, y que se ha convertido en uno de los más representativos. Nada más pisar el interior te derivan al control de seguridad, si vas con bolso o mochila, un control a medias, porque sí que te revisan el bolso, pero tú puedes llevar lo que quieras. Tras esto, lo que casi todo el mundo hace es coger las escaleras hacia abajo en vez de ir hacia el centro del edificio. Por estas escaleras se baja a la planta 1, en la que se encuentra un área de exposición que alberga una de las dos que ahora mismo acoge CentroCentro. Un oscuro área semicircular nos lleva a Habitantes y paseantes, donde podemos encontrarnos reproducciones de algunos de los retratos  más importantes que se pueden ver en el Paseo del Arte madrileño. Obras de Goya, Velázquez, Toulouse Lautrec, El Greco, Rivera, Durero, Dalí, Rafael, etc. Una mezcla de estilos que se completa con esculturas, las fotografías de Juan Manuel Castro Prieto, vídeos de Manuel Vázquez y una instalación interactiva del colectivo Lummo. Todo bien, pero sin acabar de llenar del todo, aunque puede ser un espacio interesante para exposiciones más potentes. También se puede seguir bajando hasta el auditorio, pequeño, recubierto íntegramente de madera y de formas nada redondeadas.

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De ahí lo mejor es subir a la planta 2 y dirigirse a alguno de los puntos de información para coger el turno necesario para subir al mirador. Dependiendo del número de gente, será más fácil coger turno pronto o no (como en las montañas rusas, vaya). Si te toca en quince minutos como me pasó, lo mejor es intentar llegar a toda prisa a la planta 6e, desde la que se accede al mirador. Si no queréis perderos por el camino ni cansaros, coged el ascensor (uno de los cuatro que hay, si es que funcionan todos) en la misma planta 2. En los laterales, donde están las escaleras, hay otro, pero no sé hasta dónde sube. No lo intentéis coger en otras plantas para subir porque no podréis. Son ascensores pequeños (unas cinco personas) y se llenan siempre. Aquí hay que armarse de un poco de paciencia o subir y subir escaleras.

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Pero la recompensa merece la pena. Cuando llegas a la planta 6 te encuentras con un mostrados en obra y una terraza donde se situará el restaurante que abrirá en otoño en el Palacio de Cibeles. Las miradas desde la terraza ya son espectaculares, pero me surgen un par de dudas: ¿Cuáles serán los precios? ¿Serán accesibles a todos o serán más prohibitivos? ¿No será un poco engorro que el acceso al mirador sea a través del restaurante? Todo esto lo veremos bien en otoño, pero no tengo buenas sensaciones. Más escaleras y se llega a la planta 6e, desde donde de verdad se accede al mirador. Aquí se forma la cola de acceso, y el turno se respeta escrupulosamente, así que estad atentos a vuestro turno no sea que se os pase. Una sala blanca inmaculada (ya con pisadas en las paredes), sin nada alrededor. Nada de nada, un espacio, de nuevo, quizás algo desaprovechado.

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Te llaman, te pican el papelito y te dejan elegir si subes en el ascensor (de nuevo un pequeño ascensor de como mucho cinco personas) o a pie, idea que se traduce en llegar a otra sala vacía completamente (oh, sorpresa) en la planta 7 desde la que, ya sí, se accede al mirador. Y vale, aquí hay que darle al césar lo que es del césar: las vistas son impresionantes. La entrada da directamente a la Plaza de Cibeles, y ves como salen de ella la calle de Alcalá y los paseos del Prado y Recoletos. Ves una Cibeles pequeñita en medio de una enorme plaza. Ves el comienzo de la Gran Vía, la azotea rival del Círculo de Bellas Artes, el edificio de Telefónica. La enorme mole del Palacio de Buenavista, inapreciable a ras de suelo, escondido tras su verde jardín. Y los tejados malasañeros, tan característicos de un cielo madrileño que desde aquí se aprecia en toda su magnitud.

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Un mirador que ofrece vistas en 360 grados de la ciudad, así que no os ceguéis con la vista frontal y echad un vistazo a la zona del Retiro y la parte exterior de la Galería de Cristal. Y el Madrid más moderno, los rascacielos de Colón (en primerísimo término), Azca y, en la lejanía, las Cuatro Torres. Las decenas de campanarios de todos los estilos que se alzan imponentes. Las aberraciones arquitectónicas de la ciudad (el edificio de Uralita frente a la Casa de América y, especialmente, la mole ladrillesca del Ministerio de Sanidad, un horror como pocos). Todo esto y más se puede disfrutar en los apenas quince minutos que tendremos. Quizás el tiempo sea un poco corto, pero no hay mucho espacio y en el fondo se comprende. Se echa en falta, quizás, más información de lo que estás viendo en el horizonte.

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Y comienzas el descenso. Bajas a la planta 5, la planta más alta desde la que se puede admirar el interior del edificio. Las vistas más cercanas de las vidrieras y del techo, y la visión más global del Patio de Operaciones. Una planta desde la que se aprecia completamente la enormidad interior del edificio, desde donde se asume por qué Trosky lo apodó Nuestra Señora de las Telecomunicaciones. También se puede observar el exterior de la Galería de Cristal, mientras observas las fotografías de la exposición El Palacio de Cibeles que retratan el proceso de reforma que sufrió el edificio.

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Planta 4. La mejor de todo el edificio. La planta donde puedes gozar de las vistas del Patio de Operaciones a la vez que puedes levantar la cabeza y quedarte pasmado con lo que hay por encima de ti. Porque la cosa más guay de esta cuarta planta, y casi de todo el edificio, son las pasarelas que se elevan sobre el vestíbulo principal y que te permiten ver el edificio de una manera realmente especial. Las zonas donde se conectan las partes más clásicas del edificio con las reformas más modernas, las decenas de escudos heráldicos de ciudades españolas. La sensación de estar sobre un suelo de cristal que por desgracia (o quizás por suerte) no deja ver directamente a través de él, lo cual ya podría ser lo más. Aunque las esquinas de la planta (como en todas) están bastante desaprovechadas, merece la pena pasar un buen rato en estas pasarelas mirando arriba y abajo.

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Seguimos bajando y en la planta 3 está el grueso de la exposición fotográfica que «nos permite ver» cómo se gastó nuestro dinero en la reforma integral del edificio. Es una zona muy nueva, en la que queda poco del aire clásico del edificio, lo cual no tendría que ser malo si se hubiera buscando algún referente, pero no, en general son paredes blancas y minimalismo por doquier. Hay unas pequeñas salas adyacentes que ofrecen unas vistas interesantes del interior de la Galería de Cristal, y que podrían servir bien para talleres concretos o similares.

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Y rematamos nuestro descenso llegando a la planta 2, al Patio de Operaciones, otra de las áreas fundamentales de CentroCentro, esa que pretende convertirse en un punto de reunión para los madrileños y los que nos visitan. Dos grandes áreas situadas a derecha e izquierda del vestíbulo de entrada en el que podemos acceder a toda la información que queramos sobre la ciudad de Madrid: ya sea a lo tradicional con los mapas que detallan los numerosos puntos culturales de la zona centro o con el atento personal de información, o a lo moderno accediendo a la red de redes a través de los numerosos iPads dispuestos para su uso. ¿Hacía falta que fueran iPads y Surfaces? Quizás sí, pero tampoco lo vemos tan necesario, la verdad. Además, están también las dos áreas sociales, que rompen la sobriedad del edificio con su colorido y que ofrecen un espacio de descanso con sus sofás, pufs y periódicos. No probamos si hay wifi, pero nos parecería una cutrez que no lo hubiera.

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En definitiva, el Palacio de Cibeles, lo que será CentroCentro a partir de septiembre, será uno de los grandes referentes de Madrid si lo saben aprovechar. Porque tiene mucho espacio que ofrecen para creadores, talleres y la cultura en general. Es un edificio realmente bello, de los que impresiona, y que tiene lugares concretos bastante espectaculares. Esperemos que la cafetería no se convierta en algo elitista. Que el mirador no cobre, o no cobre precios muy altos. Porque CentroCentro mola, y puede molar mucho más, si de verdad se pone a disposición de los que lo hemos pagado y si sabemos aprovechar todo lo que puede ofrecer.

Muchas más fotos en este set que he creado en mi cuenta de flickr.