Alfredo’s Barbacoa, el sabor de la tradición

Escrito el Viernes 03 de marzo de 2017 por .

Durante muchos años si lo que te apetecía cenar en Madrid era una buena hamburguesa, la recomendación top que te llegaba era: ve al Alfredo’s Barbacoa. Pero claro, eso era antes de que nuestra ciudad (y nuestra región) se llenara de decenas de opciones hamburgueseras. Muchas de ellas han adelantado por la derecha a los pioneros de la hamburguesa madrileña pero, ojo, eso no quiere decir que en el Alfredo’s no se hagan unas hamburguesas realmente sabrosas. Hamburguesas y más platos de comida genuinamente americana, de toques texanos.

Alfredo's Barbacoa, el sabor de la tradición

Un poco de historia, para los que no les conozcáis. Alfredo Grados trabajaba en el restaurante de su padre situado en el Bronx, hasta que decidió cambiar de aires pero siguiendo con su pasión: las hamburguesas. De esta manera se vino a España para aprender el idioma y acabó montando en 1981 el primer Alfredo’s Barbacoa en un minúsculo local de la Calle Lagasca 5. Pasó entonces que su comida americana se hizo popular y 5 años más tarde abrió su primera sucursal en Juan Hurtado de Mendoza 11, un local que ya visitamos en los albores de esta página. Siempre llenos de clientes fieles, la familia de Alfredo mantuvo las riendas para que su nombre fuera durante muchos años el referente de la hamburguesa madrileña.

Alfredo's Barbacoa, el sabor de la tradición

En 2013, ya en plena fiebre burger, abrió un tercer local en Conde de Aranda 4, a pocos metros de local original, un espacio de mayor amplitud en el que acomodar a todos aquellos que no tenían sitio en sus cuatro mesitas originales. Aquí volvimos para revisar sus hamburguesas y ver si, como dicen unos, seguían siendo los Top 1 de Madrid o si, como comentan otros, se habían dormido en los laureles. Pues allá va nuestra opinión: sí, pero no. Para el que esto escribe las hamburguesas de Alfredo’s Barbacoa están muy buenas pero no son las mejores de la Capital. Son una opción muy a tener en cuenta, están muy bien de precio, no te van a fallar, pero la cumbre del top no son.

Alfredo's Barbacoa, el sabor de la tradición

Las hamburguesas, las reinas de la carta. Tienes dos opciones: la Super Alfredo’s de 250 gramos o la Alfredo’s normal de 160 gramos. Yo tiré a lo clásico: una Alfredo’s de 160 con queso, bacon y salsa barbacoa, personalizada añadiendo pepinillos (porque nunca sobran pepinillos), que cuesta 7,85 euros (precio que no veréis en muchos otros lados). Acompañada de patatas fritas caseras. Lo que te llega aquí lo podéis ver: el pan es normalito, nada de florituras, y cuando te da la impresión de que se desmenuzará no, aguanta el contenido. La carne es lo mejor de esta hamburguesa. Es carne de cebón gallego en la que el sabor a parrilla se nota y se disfruta. El punto de la carne lo clavan y por esto siguen siendo famosos. Se nos quedó en el tintero probar a cambiar las patatas fritas por la patata asada.

Alfredo's Barbacoa, el sabor de la tradición

Pero probamos más cosas. Por ejemplo, nos sorprendió ver que en Alfredo’s Barbacoa tenían su propia cerveza artesana (3,85 euros) y cayó una: buena de sabor y original como idea. También probamos uno de sus entrantes, una media ración de chili con carne (3,75 euros) con el punto justo de picor y delicioso sabor. El chili lo acompañamos con otro entrante (o acompañamiento) muy americano: media mazorca de maíz (2,50 euros), que me dejó con ganas de haber pedido la mazorca entera. Llegamos al postre, donde la tarta de queso con oreo hecha en la casa (2,95 euros la mini) fue una buena opción. Quizás el brownie con helado de vainilla o la cookie gigante hubieran sido mejores, en otra ocasión. Tienen un menú del día por 14,95 euros del que ser fan.

Alfredo's Barbacoa, el sabor de la tradición

El servicio que nosotros nos encontramos fue bueno. En ningún momento sentimos la presión que otras veces se comenta, quizás porque la visita fue en horario de comida. Intentamos ir al local de Lagasca pero nos recomendaron que mejor que esperar fuéramos a Conde de Aranda. Allí los camareros fueron eficientes y rápidos. Amabilidad, la justa, pero en todo momento con buen trato. Siguiendo la línea de la casa el local está lleno de detalles y memorabilia estadounidense: banderas, posters, carteles de cine, recuerdos variados… Y fotos de visitantes ilustres y no. Las mesas del pasillo son un poco pequeñas, hasta para dos personas puede ir justas de sitio.

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