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Hace poco estuve cenando en el restaurante Sacha (de gorra), gracias a la enorme generosidad de Sacha Hormaechea, su dueño. Esta era una de esas cenas pendientes desde la realización de la Guía Metrópoli Comer y beber en Madrid 2009. Sacha, aparte de un gran tipo, es un grandísimo fotógrafo que se ha encargado de que el contenido puramente visual de esta guía crezca exponencialmente. He trabajado dos años con él y me parecen increíbles algunas de las cosas que consigue capatar en su cámara. Además, tenemos una coñita entre ambos a causa de sus artisteos y, sobre todo, de su afición a usar los espejos en sus fotos, cosa que ya se ha convertido en uno de sus rasgos identificativos.

El caso es ese, que fuimos a su restaurante a gozar de ricas viandas en un ambiente acogedor. Ricas no, riquísimas. Y buenos licores, también debería de añadir. Pero bueno, al caso. Yo llevaba ya un tiempo oyendo hablar de sus tortillas y sus ensaladas césar, que si qué ricas, que si tienes que probarlas, que si están de muerte. Pues vale, es cierto. La tortilla era una auténtica maravilla, y fue el remate perfecto a una cena en la que destacó por encima de todo la ensalada césar. Sacha nos preguntó, la hago como en su origen o no? y pedimos que nos sorprendiera. Al rato nos llegó un gran cuenco de madera con grandes hojas de lechuga dentro y más ingredientes. Pero no había salsa césar al uso. El caso es que la salsa apareció después, como el pollo, el beicon y demás. Además, nada de vinagre, lima. Patidifusos estabamos. Pero lo mejor estaba por llegar. Esto se come con las manos, con las hojas de lechuga enteras, sin partirlas. Ciertamente es algo que te sorprende en el momento y a cada bocado que das. Pero que no hace otra cosa que parecerte una delicia por su sencillez y su sabor. Es enorme. La tarta templada de manzana del postre también era grande.

Después ya llegó la charla animada hasta que el último comensal y empleado salió. Una charla muy interesante sobre mucho más que el mundo de la cocina, sobre Madrid, sobre el ocio, sobre muchas cosas, con un Gin Tonic para que aquello fuera aún mejor. Ya antes habíamos estado conversando alegremente sobre tríos y cuartetos con hombres y mujeres de buen ver, repasando desde el Hollywood clásico hasta el cine más actual. La verdad es que me lo pasé muy bien y merece la pena. Sobre todo si vas invitado por el jefe.




